La pintura de Lodeiro

Álvaro Cunqueiro


Una excepcional sensibilidad para el color, para profundos equilibrios de color, que son sin duda los mismos equilibrios de la Naturaleza, aparece ya a la primera mirada que dedicamos a los cuadros, óleos y gouaches, de Lodeiro. Solamente esa sensibilidad, esos equilibrios le van a permitir a Lodeiro esas construcciones tan simples, a veces esquemáticas, que nos ofrece, en las que la geometría, esos trozos de construcción urbana, de cuadrados bloques, se levantan como excrecencias naturales del propio paisaje. La geometría se ha hecho una con el monte, con el prado, con el mar azul, pero el conjunto no es un complejo apático, irreal, sino todo lo contrario: La geometría, la tierra, el mar, la luz, son ingredientes humanos, tan subjetivos como los que entrasen con la composición más tradicional del paisaje, desde Claudio de Lorena o el Patinir. Hay novedad en la manera de decir de Lodeiro, novedad gratísima, pero aparece clara la voluntad del pintor de decirle al espectador que ese paisaje es uno de los rostros posibles, y comunicable por la pintura, del paisaje real. A mi ver, esto es importante, y es una de las grandezas de la pintura.


Otro aspecto de la obra de Lodeiro lo constituyen esos rostros humanos, tan cargados de significación, aunque a veces reducidos simplemente a miradas o perfiles que amanecen desde rojizas sombras, casi tienta a escribir, -amanecidos de la tierra más antigua y lejana. Cada uno de estos personajes es una reflexión, por así decir, acerca de la condición humana. Y aparecen vivos en la medida misma en que nos dicen algo del hombre. Aquí la mano de Lodeiro se hace más grave. Esto es lo que ha buscado siempre la pintura.

No hay duda de que Lodeiro es un gran pintor, alguien que sabe el oficio, nada fácil, pero que una vez éste sabido, tiene cosas que decir, y las dice muy bien gracias a él. No es la de Lodeiro una pintura banal, o que obedezca a modas. Es todo lo contrario: Es que el pintor "Ve" así, y dice lo que ve, fiel a eso que Binswanger llamaba "el terco acercamiento del artista al motivo". En Lodeiro acercamiento apasionado, veraz, creador y destructor a la vez.
Álvaro Cunqueiro